Singapur-lah! – Parte I
Luego de casi 3 meses en Singapur creo que es hora de escribir un poco de los sabores que han marcado mi estadía en este lado del mundo, he aprendido un montón de cosas divertidas – aparte de poner en una palabra si y otra no un lah! al final para darle sabor local a las frases – que me han hecho querer estar mucho tiempo en este maravilloso país.
Sería muy difícil describir en un post o 10, la cantidad de experiencias que he podido experimentar en este tiempo… sobretodo porque las personas con las que comparto mi día a día se han dedicado a hacerme probar lo mejor de cada casa, así pase todo el Ramadán probando las delicias locales, el festival de otoño comiendo ‘Moon cakes’ o merendando pasteles hojaldrados de curry y patata o cualquier cosa típica…
Como ya había comentado en un post anterior, esta isla-estado es un melting-pot de culturas tan distintas como la China, la India, la Malaya y la Peranakan como base, a las que se suman el mosaico de orígenes de la gran colonia de expatriados que aportan sus sabores en formas tan conocidas como platos mediterráneos o más lejanos como esas comidas latinas llenas de olores tan familiares para mi.
Singapur a nivel de precios es un sitio de contrastes, donde se puede comer por casi nada en puestos casi-callejeros o puedes dejar una buena suma de dinero visitando cualquier gastronómico de muy buena categoría – sin nada que envidiar a los de Europa – todo como siempre en función de los gustos de cada quien.
La forma mas común para los locales de comer – y la más barata – son los centros ‘hawker’, son conjuntos de puestos de comida – muy al estilo feria de un centro comercial – pero en un recinto que comparte mesas y otros servicios, hay comidas de todos los estilos no solo de origen asiático… en algunos –según el barrio – se arriesgan con alguna cosa occidental para satisfacer todos los paladares.
Una cosa que siempre me ha causado curiosidad de los hawkers, es que están separadas las comidas y las bebidas, lo más gracioso es que suele haber solo un puesto de bebidas por recinto que nunca baja de 10 puestos, siempre con mucha gente esperando ser atendida… yo es que particularmente no puedo comer sin bebida, más porque hay que tomar en cuenta que casi todo es picante! Para los de Singapur comer sin chile es como para nosotros comer sin sal, por lo que a la hora de pedir cualquier cosa hay que estar atentos para que lo hagan suave – porque de verdad hay cosas que dejan llorando hasta al más amante del picante – o lo hagan no picante, sino hay que asumir las consecuencias!
Un punto a favor de los hawkers, es que la higiene está rigurosamente controlada por las autoridades y los puestos suelen estar catalogados por su limpieza – aunque esto no queda muy a la vista del cliente – haciéndolos lugares seguros para comer sin preocuparnos por intoxicaciones o bacterias, algo no muy común en el continente.
Uno de los platos ‘callejeros’ estrella en Singapur es el Chicken Rice, cada país en Asia tiene su versión – que no tiene en ningún caso nada que ver con la versión latina! –pero en este caso es un arroz con pollo al estilo Hainan. En un proceso minucioso se toma un pollo entero que se alterna entre agua hirviendo y agua helada hasta que queda completamente cocido, lo que hace que pollo quede sellado y con una jugosidad interior indescriptible… luego del proceso suelen tostar un poco la piel para darle color y hacerlo mas atractivo! La presentación super simple solo con arroz blanco, rebanadas del pollo y alguna salsa picante, da impresión de algo común pero en realidad es un estupendo manjar además de un plato ultra saludable.
Otro de los platos típicos de la isla es el Chili Crab, un cangrejo – el más usado es traído de Sri Lanka o para lo mas exóticos con cangrejo real – bañado en una salsa picante de chiles o la versión más ligera una salsa de pimienta, de verdad yo no soy muy amante del cangrejo por lo difícil que es comerlo y porque tiene muy poca carne, pero esta preparación vale la pena el esfuerzo aunque sea una vez. Aunque hay muchas opciones de mariscos que valen la pena y también se pueden comer con chile.
Hay mucho que contar en muy poco espacio! Así que continuará…
